Paraíso ​inhabitado 1 csillagozás

Ana María Matute: Paraíso inhabitado

„Nací cuando mis padres ya no se querían”, recuerda Adriana, mucho después de que todo haya sucedido. Por ello, la niña se crea un paraíso propio, poblado por amigos imaginarios y una familia de su elección.

Esta felicidad a medida se ve perturbada cuando Adriana debe iniciar el periplo escolar y entrar definitivamente en el mundo de los adultos, un entorno que le resulta ajeno cuando no hostil. Sin embargo, siempre queda un refugio bajo los cristales de la lámpara del salón.

Auténtica obra maestra en la impecable trayectoria de Ana María Matute, Paraíso inhabitado nos coloca en el territorio del misterio primigenio, y cerramos el libro invadidos por el presentimiento de que hubo un tiempo en que también fuimos parte de esa realidad oscura, invisible, maravillosa.

Eredeti megjelenés éve: 2008

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Destino, Barcelona, 2010
400 oldal · ISBN: 9788423342044

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marschlako P>!
Ana María Matute: Paraíso inhabitado

Az egyik legszebb könyv, amit valaha olvastam.

A borító ne tévesszen meg senkit, senki ne számítson tündérekre és manókra, mert ez nem fantasy, hanem egy magányos kislány felnőtté válásának története a második spanyol köztársaság idejéből; egy kislányé, akit már nem vártak, s akivel már nem törődtek a szülei, s aki ennek ellenére felfedezte magának a boldogságot: a cselédek meséi, az éjszaka hangjai és fényei, a szobák képzeletbeli kis lakói, a szalonban függő festmény Egyszarvúja, a büntetésnek szánt, de nagyszerű élménnyé vált sötét szoba (http://moly.hu/idezetek/530593) mind-mind fantasztikus élmények részesévé tették a kis Adrit. „Vőlegénye”, Paco, a sofőr, María, a dajka, Isabel a cseléd, s nagynénje Eduarda spoilerjelentették számára a családot, s egy édesapjával együtt töltött karácsonyi nap az egész világot. Egyszer aztán az Unikornist követve a belső, fedett udvar behavazott kövén meglátta a kutyájával játszó Gavit…

A gyermek Adri történetét kiskamasz koráig követhetjük nyomon a felnőtt Adriana visszaemlékezései révén, s így rajzolódik ki előttünk a magával ragadó történet a kitaszítottságról és barátságól, a gyermeki félelmekről és képzeletvilágról, a meg nem értésről és az elfogadásról, a (fizikailag vagy lelkileg) távol lévő szülő utáni vágyódás végtelen ürességéről és a szerelemről, a rideg nevelésről és a tetőn száradó ruhák közt korcsolyázva suhanó boldogságról, a magányról és az élet igenléséről.

Látjuk, a gyermekek világa milyen távol van az Óriások világától, mégis vannak akik megértik azt, s bár a gyermekkor egyszer véget ér, s többé már nem tér vissza, de elfelednünk soha nem szabad. Ez az önéletrajzi elemekkel erősen átitatott regény, mely Ana María Matute 83 éves korában jelent meg, engem leginkább A funtineli boszorkányra, az Abigélre, s az írónő Paulina című könyvére emlékeztet. Aki ezeket szerette, annak ez sem okozhat csalódást.

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marschlako P>!

Me acordé de una niña de Saint Maur, que no se parecía nada a Margot, que, como yo, tenía que soportarla pero, eso sí, ella sabía agarrar muy bien la gran pelota en el aire. Un día me dijo, que ella como mejor lo pasaba era leyendo cuentos, aunque su mamá no la dejaba porque eso era perder el tiempo. Hablamos un rato, y me dijo que le gustaban los cuentos de duendes y de gnomos, y de hadas. Pero enseguida me di cuenta de que no sabía nada de ellos, y que no teníamos nada en común. Ella se fue otra vez a los pelotazos, las carreras y los sudores, y yo a esconderme de nuevo entre las criaturas de la hierba, los ruedos de hadas que hollaban la hierba y nada tenían que ver con las suyas: porque las suyas eran todas como la Madrina de la Cenicienta, con varita mágica. Las mías, no. Volví al banco bajo las moreras a contemplar los trenes de orugas encadenadas en ruta hacia quién sabe dónde.

269-270. oldal

marschlako P>!

Eran los armarios de siempre, pero ahora aparecían misteriosos, paradójicamente más resplandecientes. Y me pareció que los circundaba algo semejante a un aureola. O mejor dicho, como si la misma oscuridad, cada vez más transparente, fuera una enorme lupa que aumentaba y a la vez aproximaba a mí cuanto me rodeaba: algo parecido a cuando, en soledad y silencio, poco a poco, me invadía otra oscuridad luminosa: aquella en la que me sumergía cuando iba adentrándome en las páginas de un libro. Se producía entonces una mezcla de ascensión y descenso desde increíbles alturas hasta profundidades casi marítimas. Aquella suerte de lente de aumento iba acercándome a cuanto allá arriba (en el exterior, en la realidad de los Gigantes) era totalmente invisible y desconocido. Ahora yo flotaba a mi antojo y placer en un cuarto oscuro, convertido en inmenso, maravilloso Libro de Cuentos. Y en su fondo y superficie las órdenes, castigos y molestas advertencias-amenazas sólo eran palabras sin sentido, un cri-cri de grillos en la noche. Como en el Libro de Cuentos, las dimensiones y los espacios se transformaban, se ajustaban, resplandecían. Y nunca olvidaré aquel resplandor.

84-85. oldal

marschlako P>!

Nací cuando mis padres ya no se querían. Cristina, mi hermana mayor, era por entonces una jovencita displicente, cuya sola mirada me hacía culpable de alguna misteriosa ofensa hacia su persona, que nunca conseguí descifrar. En cuanto a mis hermanos Jerónimo y Fabián, gemelos y llenos de acné, no me hacían el menor caso. De modo que los primeros años de mi vida fueron bastante solitarios.
    Uno de mis recuerdos más lejanos se remonta a la noche en que vi correr al Unicornio que vivía enmarcado en la reproducción de un famoso tapiz. Con asombra nitidez, le vi echar a correr y desaparecer por un ángulo del marco, para reaparecer enseguida y remontar su lugar; hermoso, blanquísimo y enigmático.

7. oldal (első bekezdések)

marschlako P>!

Hablaban en francés, aunque Michel Mon Amour con un acento muy especial: además de pronunciar las erres como siempre estuviera diciendo «carreta», su tono era algo ululante: algo así como lamentos de lobos heridos, no amenazantes, en la lejanía. Oírle despertaba mi imaginación, me trasladaba a paisajes nevados, invernales y muy lejanos. Inalcanzables como un sueño, o un deseo. De nuevo los libros de cuentos, las historias más reales que la realidad de mi vida cotidiana.

59. oldal

marschlako P>!

Luego, La bella durmiente. La música se incrustó en mi memoria, la Princesa Aurora quedó allí para siempre, grabada a fuego, y sólo con cerrar los ojos la recupero: no es el mejor música que he oído, pero sí la más evocadora para mí, la que sabe devolverme a un mundo proprio, inventado y vivido a un tiempo, ya desaparecido, excepto para mi memoria. Una niña – yo conocía muy bien la historia – había dormido durante cien años. Cien años, como el soplo de un día, como el canto de un jilguero, como el resplandor fugaz, brillante y efímero del abrazo de Eduarda y el Coronel Michel Mon Amour, capaz de encender las pobres y apagadas candelas del Miguel Strogoff.

63. oldal

marschlako P>!

Yo no sabía qué pedir. Al fin, dije que no quería nada porque lo que verdaderamente quería era ver qué hacían Eduarda y toda aquella gente. De todos modos, me trajeron un helado de vainilla. A mí me gustaban los de fresa, pero no dije nada. Estaba muy bueno. Ella pidió escosés, y me acordé de las ilustraciones de un cuento, donde había escoses con falda a cuadros y tocando la gaita, así que me pareció raro que lo pidiera. Pero lo que trajeron fue un vaso de whisky. Le ofrecieron hielo y ella dijo que no, que el de malta era un pecado tomarlo con hielo.

44. oldal

marschlako P>!

Era la añorada hora de la salida, que otros días había descendido tranquila, casi contenta – entonces no estaba casi nunca contenta –, o por lo menos aliviada, porque sabía que afuera, en cuanto sor Monique dijera en alto mi nombre, yo atravesaría la gran puerta de hierro y cristales, bajaría las escaleras y en el jardín estaría esperándome Tata María, con la bolsa de la merienda y su ancha, cálida y dulcemente áspera mano, como la cuevecita donde podría esconderme la mía, fría, pequeña y asustada.

31-32. oldal


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