Historias ​de la Artámila 1 csillagozás

Ana María Matute: Historias de la Artámila

Ana María Matute recoge en Historias de la Artámila veintidós relatos que mantienen una perfecta unidad de tono e intención dentro de una gran diversidad de temas. Algunas narraciones -«La fiesta», «La conciencia», «Los alambradotes»- reflejan la crueldad de los seres humanos encerrados en sus egoísmos y ambiciones; otras se adentran en un universo infantil -«Don Payasito», «El rey», «Los pájaros»- hasta dar la justa medida de unos seres frágiles y fuertes a un tiempo, que gozan de su existencia con mayor pureza que los adultos.

Todos los relatos revelan una intensa preocupación social, que en ocasiones deviene francamente acusatoria, y que alterna con la ternura de los personajes. Con desbordante fuerza narrativa, Historias de la Artámila recoge recuerdos fugaces y experiencias dolorosas, pero también ficciones esperanzadas y sencillas anécdotas, en una nueva demostración de talento de Ana María Matute, una de las escritoras más importantes de la literatura española del siglo XX.

Eredeti megjelenés éve: 1961

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Destino, Barcelona, 2010
176 oldal · puhatáblás · ISBN: 9788423343607

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Ana María Matute: Historias de la Artámila

Az egyszerűsített változat volt első találkozásom az írónővel, s nyugodtan nevezhetjük ezt egy szerelem kezdetének is. Azóta, mint egy hörcsög, mindent begyűjtöttem Ana María Matute tollából, de ez a novelláskötet továbbra is kiemelkedik életművéből. Pedig semmi különös nincs benne, egyszerűen, de líraian* elmesélt rövid történetek gyűjteménye egy kis hegyi falu(együttes) életéből: egyszerű emberek keserű sorsa – ahol egy-egy szereplő révén mindig előbukkan az együttérzés és az emberség ebben az embertelen világban –, leggyakrabban gyermekek szemszögéből elmesélve.

Ana María Matute műveiben gyakoriak az önéletrajzi elemek, Artámila** születése is mélyen az írónő gyermekkorában gyökeredzik. A nyarakat – s egy alkalommal betegsége miatt egy egész évet*** – ugyanis nagyszüleinél, a riojai Mansilla de la Sierrában (https://moly.hu/karcok/888947, https://moly.hu/karcok/787406) töltötte, ahol a számára oly terhes nagyvárosi polgári lét kötöttségeitől mentesen játszhatott testvéreivel és a falusi gyerekekkel, s a természet szeretete mellett itt ismerhette meg a spanyol vidékre jellemző szegénységet, itt ébredt fel benne az együttérzés a kiszolgáltatottak iránt, mely egész munkásságát végigkísérte.

Az artámilai történeteknek szinte minden esetben valamilyen kiszolgáltatott helyzetben levő férfi, nő vagy gyermek a főszereplője, s gyakran megjelenik (vagy egyenesen az ő szemén át látjuk az eseményeket) egy velük együttérző, rajtuk segíteni próbáló személy. Így van ez a számomra legkedvesebb történetek esetében is. A La rama seca (A száraz faág) c. történetben egy kislány kedvenc játéka egy darab vászonba öltöztetett száraz faág, mellyel órákat el tud játszani; a La felicidadban (Boldogság – magyarul A narancs a tél gyümölcse c. kötetben jelent meg) a faluba érkező új orvost egy bolond asszonynál szállásolják el az első éjszakákra, s egészen az utolsó mondatig legfeljebb csak sejthető, mi lehet ennek az egyszerű, tiszta asszonynak a bolondsága; az El gran vacíoban (A nagy üresség) beteg feleségét gondozó idős emberrel barátkoznak össze a gyerekek; az El árbol de oro (Az aranyfa) középpontjában egy különös kisfiú különös látomása áll; az El rey (A király) egy mozgássérült kisfiú, egy jószívű tanító és a Háromkirályok története; de még sorolhatnám tovább, ugyanis igazából a kötetből csak egyetlen írás (EnvidiaIrigység) nem ragadott meg különösebben.
Mivel nem szeretném nagyon hosszúra nyújtani az értékelésemet, az egyes történetekről majd karcokban írok pár gondolatot.

Az első karc az első hat történetről: https://moly.hu/karcok/1138669
A második karc a következő hat történetről: https://moly.hu/karcok/1257468
A harmadik karc az utolsó előtti öt történetről: https://moly.hu/karcok/1394247
A negyedik karc az utolsó öt történetről: https://moly.hu/karcok/1396605

*Talán e kötet novelláira a legjellemzőbb, amit gyakran mondanak Ana María Matutéről – s amit gyakran emlegetek én is értékeléseimben –, hogy néhány egyszerű ecsetvonással fel tudja vázolni egy egész élet tragédiáját, egy hely hangulatát, egy – sokszor jelentéktelen – esemény sorsfordító voltát.
** Maga Artámila neve csak egyszer fordul elő az egész kötetben – „El genio de mi abuelo era conocido en todas las Artámilas.” (Los pájaros) –, de más műveiben is megjelenik (pl. Fiesta al noroeste, Los hijos muertos).
*** Ez is – mármint a betegsége miatt hosszabb-rövidebb időt falun töltő kisgyerek – gyakori motívum az írónő elbeszéléseiben – miként e kisgyermek kapcsolata a falusi gyerekekkel is sokszor központi szerepet kap.

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No era de la tierra ni de la ciudad: era un ser aparente y desgraciado. Un enfermo. El hijo ignorante de un borracho. A veces leía libros, de los que había en un cajón debajo de la cama. Unos los entendía, a su modo. Otros no los entendía, pero también le abrían puertas. Tal vez equivocadas, pero puertas.

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    — Le han salido unas flores raras. Mira: así de grandes, como mí mano lo menos, y con los pétalos alargados. Me parece que esa flor es parecida al arzadú.
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    Doña Clementina la oía en silencio: la escuchaba, bebía cada de sus palabras. Igual que escuchaba al viento sobre la hierba y entre las ramas, la algarabía de los pájaros y el rumor de la acequia.

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    El guardabosques me cogió en brazos y me sacó. Luciano nos precedía, cojeando. En cuanto salimos a la hierba, el sol empezó a brillar sobre la cabeza de Luciano y sobre la tierra roja del sendero, bordeado ya por la flor chillona del arzadú.
    — ¡Ah, mira, ha brotado el arzadú! —dije yo, que, de pronto y sin saber por qué, estaba muy contenta—. Pronto vendrán los fríos.o el arzadú! —dije yo, que, de pronto y sin saber por qué, estaba muy contenta—. Pronto vendrán los fríos.

Los pájaros

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Vi cómo trepaba por la escalerilla, con una asombrosa agilidad a pesar de su defecto. Al llegar a su final, con un salto extraño, realmente de pájaro, se colgó de una rama. Ya una vez entre las ramas, Luciano se movía con una extraña viveza. Más parecía que tuviera alas. Iba de una rama a la otra, silbando una rara melodía, que, por otra parte, no era música alguna: algo como una charla, aguda, entrecortada, hermosa, que se entremezclaba con las llamadas de los pájaros. Vi cómo ellos bajaban hasta él, a sus hombros y sus brazos, a su cabeza. Eran los pájaros simples y oscuros, los pájaros pequeños de los aleros y de los caminos, y, sin embargo, ¡qué bellos parecían allí, enrojecidos por la luz de septiembre, gritando algo que yo no sabía comprender! Luciano, con la cabeza levantada hacia lo alto, silbaba. Se colgó de la escalera de cuerdas y empezó a balancearse en el aire, lentamente. Tenía los brazos y los hombros cubiertos de las avecillas grises y amarillentas, de aquellas alas que brillaban y batían con un sonido metálico.

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